1.- Tenemos en Venezuela una pavorosa crisis sistémica (económica, social, moral y político-institucional) causada
por las equivocadas políticas del Socialismo del Siglo XXI y agravada en los años en los cuales Maduro ha estado al
frente del régimen.

2.- 2019 cierra como un año de mayores penurias para las mayorías nacionales. Continuó la caída de la producción
petrolera y agroalimentaria; aumentó el desempleo y decreció el poder adquisitivo; hay más hambre y desnutrición;
se acentuó el colapso de la electricidad, los combustibles y el transporte público; más venezolanos tuvieron que
emigrar. Todo ello en medio del secuestro de las libertades públicas, de violaciones a los derechos humanos,
aumento de la corrupción y control de vastos territorios de la geografía nacional por parte de grupos al margen de la
ley.

3.- No hay forma de salir de esta crisis que no sea con un cambio de sistema político, lo que es consustancial a un
cambio en la Jefatura del Estado y en el resto de los poderes públicos.

4.- Ese cambio, para que sea pacífico y tenga sustentabilidad, debería producirse a través de un proceso de
negociaciones políticas que conduzcan a un Cronograma Electoral: Consejo Nacional Electoral confiable y
equilibrado, fecha de elecciones de Asamblea Nacional y de Presidente de la República,, rehabilitación de partidos y
dirigentes políticos, actualización del Registro Electoral Permanente y, observación internacional.

5.- La solución negociada y electoral es la que hoy día concita mayores respaldos dentro de Venezuela: numerosos
partidos políticos, empresariado, Conferencia Episcopal, academias, gremios, sociedad civil en general.

6.- El Vaticano, la Unión Europea, Noruega, diversos países de la región y más recientemente los EEUU y Rusia, entre
otros prominentes actores internacionales , han emitido, en su estilo y matices, pronunciamientos en favor de esta
solución.

7.- Aún así el régimen no está dispuesto a acordar ese Cronograma Electoral pues, por una parte, la alternancia en el
poder no ha estado ni está en su agenda política y, por la otra, cuenta, hasta ahora, con el respaldo de las armas y de
importantes gobiernos a escala mundial. Adicionalmente, no han sido claros ni suficientes los incentivos ofrecidos
por nosotros los factores del cambio para acordar con el oficialismo una solución negociada.

8.- 2019 termina siendo un año de balances y desbalances en la correlación de las fuerzas del cambio y aquellas de la
continuidad. En líneas generales el primer semestre transcurrió con una mayor ofensiva política por parte de los
factores del cambio, mientras que en el segundo semestre la ofensiva política estuvo más inclinada hacia los factores
de la continuidad.

9.- Quienes nos inscribimos en la opción del cambio político estamos en la obligación de conservar tanto los avances
alcanzados en 2019 así como actualizar la narrativa y objetivos para 2020.
10.- Entre los avances a conservar en 2020 están: la vigencia de la Asamblea Nacional y el liderazgo de Juan Guaido.
También, por supuesto, el respaldo de los países y organismos internacionales que se identifican con el cambio
político en Venezuela.

11.- El régimen, consciente de la adversidad que le significan tanto el libre funcionamiento de la AN como el
liderazgo de Juan Guaido, ha llevado adelante una ofensiva inconstitucional de corrupción y represión para minar
estas fortalezas de sus opositores. Y, lamentablemente, ha contado para ello con la ayuda, consciente o inconsciente,
de factores más allá del PSUV.

12.- Para el 5 de enero de 2020 se presentan 2 posibilidades:
A) La más cierta y conveniente: Que Juan Guaidó sea ratificado en la presidencia de la AN. Ello se traducirá en un
reforzamiento tanto de su liderazgo como del rol de la AN y de las fuerzas del cambio en Venezuela.
A partir de allí nuestra tarea sería la de producir una actualización de la estrategia política con el objetivo central de
exigir un Cronograma Electoral y sumar a esa estrategia la mayor cantidad de factores (nacionales e internacionales)
que abogamos por el cambio. Cambio que, repetimos, debe surgir, ex ante y ex post, de una negociación política;
B) El régimen implosiona y/o desconoce la AN y su nueva directiva. Se dinamitaría así el último poder público con
legitimidad de origen y entraríamos en una fase de anomia social y de mayor fragmentación del Estado-Nación. En
este escenario el papel de la FANB será aún más determinante.

13.- Hacemos votos porque 2020 sea el año del cambio político en Venezuela y que con ese cambio surja un
gobierno de Unión y Entendimiento que siente las bases de la recuperación económica y social así como de la
reinstitucionalización de nuestra Nación.

En Caracas, a los 31 días del mes de diciembre de 2019.